Cerco by Carl Frode Tiller

Cerco by Carl Frode Tiller

autor:Carl Frode Tiller [Tiller, Carl Frode]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 2007-01-01T00:00:00+00:00


Hospital de Namsos, 4 de julio de 2006.

Aceptarlo.

Abro la puerta y salgo al pasillo, al volverme, veo que Eilert y su hija se sueltan, él se endereza el cuello de la camisa de franela a cuadros diciendo que en cualquier caso va a ser un gusto volver a casa y su hija responde que ellos también están deseando que vuelva, mamá no es la misma cuando no estás, se inquieta y se dedica a vagar por la casa, oigo decir a la chica antes de cerrar la puerta. Me quedo un momento parado mirando a mi alrededor, el pasillo está silencioso y bastante tranquilo, un conserje subido a una escalera está cambiando un fluorescente en el techo y la enfermera rellenita de esta mañana viene hacia acá empujando una cama vacía. Al llegar hasta el conserje, se detiene a esperar que acabe. Se miran e intercambian algunas palabras mientras yo aprovecho para pasar desapercibido, ahora mismo no tengo energías para tratar con nadie, solo quiero estar solo, me dirijo hacia el ascensor, despacio y con pasos rígidos, será mejor que coja el ascensor y me dé una vuelta, puedo sentarme en un banco y disfrutar el final del atardecer.

Pero de pronto se abre la puerta de una de las habitaciones y aparece el doctor Claussen. Cuando se vuelve para decirle algo a uno de los pacientes de la habitación, me paro en seco buscando un lugar por donde escabullirme, tampoco estoy de ánimo para hablar con el doctor Claussen, es demasiado insistente, pero como está de espaldas a mí, no me ha visto todavía, así que me apresuro a doblar la esquina y bajar por el pasillo lateral tan rápido como me permiten mis débiles piernas y llego hasta el final, tendré que esperar a que pase el doctor Claussen y, si me ve, tendré que decirle que me he confundido metiéndome por aquí, o quizá que estoy mirando el cuadro de la pared. Ante mí cuelga una gran pintura de un hombre y una mujer que pasean de la mano por una playa, sonríen alegremente, parecen felices, todos los cuadros de esta planta intentan transmitir una especie de alegría, seguramente la intención sea que la planta resulte un poco más acogedora, pero lo cierto es que tienen el efecto contrario, al menos en mí, porque al ver estos cuadros los veo precisamente como lo que son: un intento de lograr que me evada de aquello de lo que no me puedo evadir. En realidad me recuerdan un poco a las golosinas con las que los conductores del camión del matadero calman a los animales antes de llevárselos. Lo recuerdo perfectamente de cuando iba de niño a la granja de mi abuelo, recuerdo al conductor inclinado sobre la barandilla de la rampa del camión, lo recuerdo engolosinando y tentando a las vacas más inquietas con terrones de azúcar y recuerdo que los estúpidos animales se dejaban engatusar. Las reses intuyen lo peor en ese tipo de situaciones, no sé cómo,



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